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miércoles, 25 de enero de 2012

HABLAN LAS PAREDES

Según el diccionario de la Real Academia Española, las frases que manos anónimas escriben en las paredes de las ciudades se llaman grafitos y “son de carácter popular y ocasional, sin trascendencia”.
Alguna trascendencia les reconoció, en cambio, Rudolph Giuliani. En años recientes, cuando el alcalde emprendió su cruzada contra el hampa en Nueva York, condenó a los peligrosos autores de palabras y dibujitos, porque “ensuciando las paredes revelan una conducta protocriminal”. En cambio, se supone, revelan una irreprochable conducta las empresas que cubren las ciudades con anuncios de publicidad descaradamente mentirosos.
Las paredes, me parece, opinan otra cosa. Ellas no siempre se sienten violadas por las manos que las escriben o las dibujan. En muchos casos, están agradecidas. Gracias a esos mensajes, ellas hablan y se divierten. Bostezan de aburrimiento las ciudades intactas, que no han sido garabateadas por nadie en los poquitos espacios no usurpados por las ofertas comerciales.
Somos muchos los lectores al paso. Y diga lo que diga la respetable Academia, somos muchos los que cada día comprobamos que las anónimas inscripciones trascienden a sus autores. Alguien, quién sabe quién, desahoga su bronca personal, o trasmite alguna idea que le ha visitado la cabeza, o se saca las ganas de tomarse el pelo o tomar el pelo a los demás: a veces ese alguien está siendo mano de muchos. A veces ese alguien está oficiando de intérpretes de los sentires colectivos, aunque no lo sepa ni lo quiera.
Aquí va una breve recopilación, dividida por temas, de algunas frases que he leído últimamente en diversas ciudades: en las paredes, que vienen a ser algo así como las imprentas más democráticas de todas.

Tiempos modernos
Si la cárcel está llena de inocentes, ¿dónde están los delincuentes?
Yo no vendo a mi madre. Ya la vendió mi padre.
Oculté tan bien lo que pensaba, que ya no lo recuerdo.
Tanta lluvia y tan poco arcoiris.
¿Y si hay guerra y no va nadie?
En mi hambre, mando yo.

Preguntas
Vivir solo ¿es tan imposible como vivir acompañado?
Los mudos ¿practican el sexo oral?
¿El amor muere o cambia de domicilio?
Un parto en la calle ¿es alumbrado público?
Si María era virgen, ¿Jesús era adoptado?
Cuando yo sea niño, ¿seré poeta?

De ellas sobre ellos
Hombre que no miente es mujer.
Una mujer sin hombre es como un pez sin bicicleta.
El 99 por ciento de los hombres da mala reputación al resto.
Prometen regalos y dan palos.
¿Qué hacen las mujeres antes de encontrar al hombre de sus sueños? Se casan y tienen hijos.
Detrás de toda mujer feliz, hay un machista abandonado.
Si Dios hizo a Adán a su imagen y semejanza, ¿quién nos defiende de Dios?

De ellos sobre ellas
Mujer que no rompe las bolas es hombre.
Cada día mueren dieciocho mil mujeres, y a la mía ni le duele la cabeza.
La mujer en casa y con la pata rota.
Linda como mujer de otro.
Si se callaran un momento, podría decirles cuánto las amo.
Cuando no te lo cobran, te lo hacen pagar.
Si las mujeres fueran necesarias, Dios tendría una.

La Tercera Vía
Happy birthgay.
Iguales, pero diversos.
Somos así porque nos gusta, aunque no les guste.
Lo único contra natura es el voto de castidad.
No tengo miedo de mí.
Yo soy Adán, más Eva.
Si Dios me hizo así, Dios es gay.

Todos
Te amo y no puedo parar.
Morir
¿Por qué tienen muros los cementerios, si los que están adentro no pueden salir y los que están afuera no quieren entrar?
Los muertos no nos dejan vivir, porque no los dejamos morir.
La muerte es un mal hereditario.
Hablaban tan bien de mí, que pensé que me había muerto.
La muerte siempre gana, pero te da una vida de ventaja.
No te preocupes tanto por la vida, porque no saldrás vivo de ella.
Todos los dioses fueron inmortales.
Lo único seguro es que quién sabe.

Zig y zag
Con el tigre delante, no hay burro con reuma.
La calle Después lleva a la plaza Nunca.
Soñ
é que tenía insomnio.
Yo camino con ojos en los pies.



Eduardo Galeano

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desde los afectos

Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas normas pierde formas...
Que la forma no se pierde con abrirnos...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su por qué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad malsana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...

Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?
Mario Benedetti ( Uruguay, 1920)

martes, 26 de abril de 2011

TEXTOS PARA NADA

XII

Es una noche de invierno, allá donde fui, seré, rememorado, imaginado, qué más da, creyendo en mí, creyendo que soy yo, no, no vale la pena, desde el momento en que hay otros, dónde, en el mundo de los otros, de los largos trayectos mortales, bajo el cielo, con una voz, no, no vale la pena, y algo por qué moverse, de vez en cuando, ya no, desde el momento en que los otros pasan, los verdaderos, pero sobre la tierra, seguramente sobre la tierra, el tiempo de una nueva muerte, de un nuevo despertar, esperando que aquí cambie, que algo cambie, que haga nacer más profundamente, morir más profundamente, o resucitar, al fondo de afuera de ese murmullo de memoria y sueño. Una noche de invierno, sin luna ni estrellas, pero clara, ve su cuerpo, el frente, una parte del frente, ¿qué ilumina, esta imposible noche, este imposible cuerpo?, en él está mi recuerdo, de la verdadera noche, es mi sueño, de la noche sin mañana, y mañana, ¿cómo se las arreglará mañana, para soportar mañana, el alba, el día?, se las arreglará como ayer, como se las arregló ayer, para soportar ayer. Es cierto, no soy yo, aún no, ya no, es un veterano, de los días y las noches, pero él olvida, piensa en mí, demasiado en mí, y el alba está todavía lejos, quizá tenga tiempo de no despuntar. Es lo que dice, con su voz que lo abandona, quizás esta noche, y dice, Qué claridad, ¿cómo me las arreglaré mañana, cómo me las arreglé ayer?, bah, es el fin, mañana está lejos, quién me habla así, y quién me niega así, como si le hubiera quitado el sitio, como si hubiera usurpado su vida, vieja vergüenza que me ha impedido vivir, haberme al vivir impedido vivir, y así siempre, refunfuñando, los viejos despropósitos, el mentón sobre el pecho, los brazos bamboleantes, las piernas sin fuerza, en la noche. ¿Me deslizarán en él, memoria y sueño de mí, en él todavía vivo?, ¿acaso no estoy ya en él, desde siempre, esparcido como un remordimiento?, ¿estaría, mi noche y mi contumacia, en el secreto de este moribundo, y sería su muerte mi última demora, por haber vivido?, y, quién divaga así, bah, hay voces por todas partes, orejas por todas partes, uno que habla diciendo, mientras habla, Quién habla, y de qué, y uno que escucha, mudo, sin comprender, lejos de todos, y cuerpos en todas partes, doblados, detenidos, donde debo tener tantas oportunidades, tan pocas, como en este cualquiera. Y nadie esperará, ni él ni los demás, nadie ha esperado nunca, para morir, que yo viva en él, para poder morir con él, pero aprisa aprisa todos mueren, diciéndose, Muramos aprisa, sin él, como en la vida, ahora que estamos a tiempo, antes de no haber vivido. Y este otro, naturalmente, qué decir de este otro, que divaga así, a fuerza de que yo provea y de él desprovisto, este otro sin nombre ni persona cuyo ser abandonado frecuentamos, nada. He aquí un bonito trío, y decir que todos sólo hacen uno, y que este uno sólo hace nada, y qué nada, no vale nada. Entonces, ¿estoy obligado a decir, es el momento, esto es la tierra, estas obras apenas vivas que me estaban destinadas y que recuperadas lo estarían a otro, gracias, y a reír, con esa larga risa muda de inexistente avisado, de escuchar atribuirme palabras tan gruesas?, qué sentido del humor, confiesa que ya no estás a la altura, que acabarás por montar en bicicleta. Ese es el coro de contables, opinan, como un solo hombre, otro más, y no es todo, todos los pueblos no bastarían, al término de billones se necesitaría un dios, de los testigos testigo sin testigo, suerte que ha fracasado, que nada ha empezado, nunca hubo nada más que nunca y nada, es una verdadera suerte, nada nunca, más que palabras muertas.


1950
"Relatos" - Samuel Beckett

lunes, 18 de abril de 2011

TEXTOS PARA NADA

 
I


Bruscamente, no, por fuerza, por fuerza, no pude más, no pude continuar. Alguien dijo, No puede permanecer ahí. No podía permanecer allí y no podía continuar. Describiré el lugar, carece de importancia. La cima, muy llana, de una montaña, no, de una colina, pero tan salvaje, tan salvaje, basta. Fango, brezo hasta las rodillas, imperceptibles senderos de ovejas, erosiones profundas. En el hueco de una de ellas yacía yo, al abrigo del viento. Hermoso panorama, sin la niebla que lo velaba todo, valles, lagos, planicie, mar. ¿Cómo continuar? No era necesario empezar, sí, era necesario. Alguien dijo, quizás el mismo, ¿Por qué ha venido? Hubiera podido quedarme en mi rincón, al calor, seco, a cubierto, no podía. Mi rincón, lo describiré, no, no puedo. Simplemente, nada puedo ya, como suele decirse. Digo al cuerpo, ¡Vamos, arriba!, y siento el esfuerzo que realiza, para obedecer, como un viejo penco caído en la calle, que ya no hace, que aún hace, antes de renunciar. Digo a la cabeza. Déjalo tranquilo, quédate tranquila, ella cesa de respirar, después jadea cada vez más. Me siento lejos de esas historias, no debería ocuparme de ellas, no necesito nada, ni ir más lejos, ni quedarme en donde estoy, todo me resulta verdaderamente indiferente. Debería apartarme, del cuerpo, de la cabeza, dejar que se arreglen, dejar que se acaben, no puedo, sería necesario que sea yo quien se acabe. Ah, sí, diríase que somos más de uno, sordos todos, ni siquiera, unidos de por vida. Otro dijo, o el mismo, o el primero, todos tienen la misma voz, todos los mismos pensamientos, Debiera haberse quedado en su casa. Mi casa. Querían que regresara a mi casa. Mi morada. Sin niebla, con buenos ojos, con un catalejo, la vería desde aquí. No se trata de simple fatiga, no estoy simplemente fatigado, a pesar de la ascensión. Tampoco se trata de que quiera permanecer aquí. Había oído, debí haber oído hablar del panorama, el mar allá lejos, en el fondo, de plomo repujado, la planicie llamada de oro tan frecuentemente cantada, los repetidos valles, los lagos glaciares, los humos de la capital, no se hablaba de otra cosa. Por cierto, ¿quiénes son esa gente? ¿Me han seguido, precedido, acompañado? Estoy en la excavación que los siglos han cavado, siglos de mal tiempo, tendido cara al suelo negruzco donde se estanca, lentamente bebida, un agua azafranada. Están arriba, alrededor, como en el cementerio. No puedo levantar la vista hacia ellos, lástima. No veré sus rostros. Las piernas quizás, hundidas en el brezo. ¿Me ven ellos, qué pueden ver de mí? Quizá ya no haya nadie, quizá se hayan ido, asqueados. Escucho y son los mismos pensamientos lo que oigo, quiero decir los mismos de siempre, curioso. Decir que en el valle brilla el sol, en un cielo desmelenado. ¿Desde cuándo estoy aquí? Qué pregunta, me la he planteado con frecuencia. Y con frecuencia he sabido responder, Una hora, un mes, un año, cien años, según qué entendía por aquí, por mí, por estar, y en esto nunca he ido a buscar nada extraordinario, en esto nunca he cambiado gran cosa, sólo habla el aquí que parecía cambiar. O decía, No debe hacer mucho tiempo, no lo habría soportado. Oigo los chorlitos, significa que cae la tarde, que cae la noche, pues los chorlitos son así, gritan al llegar la noche, tras permanecer mudos durante toda la tarde. Así, así es entre criaturas salvajes y de tan corta vida, en relación a la mía. Y esta otra pregunta, que me es también muy conocida, Por qué he venido, que no tiene respuesta, de modo que respondía, Para variar, o, No soy yo, o, Es el azar, o incluso, Para ver, o en fin, los años fogosos, Es el destino, siento que la pregunta llega, llega, no me hallará desprevenido. Todo es ruido, negra turba saturada que aún debe beber, marejada de helechos gigantes, brezo con remolinos de calma donde se ahoga el viento, mi vida y sus viejos estribillos, Para ver, para variar, no, está visto, todo visto, hasta llenarse los ojos de legañas, ni a la intemperie, el mal está hecho, el mal fue hecho, un día que salí, a remolque de mis pies hechos para ir, para dar pasos, que había dejado ir, que me arrastraron hasta aquí, por eso vine. Y lo que hago, lo esencial, resoplo, diciéndome, con palabras como de humo, No puedo quedarme, no puedo irme, veamos qué ocurre. ¿Y como sensación? Dios mío, no puedo quejarme, es él, pero con sordina, como bajo la nieve, menos el calor, menos el sueño, las sigo bien, todas las voces, todas las partes, bastante bien, el frío me gana, también la humedad, en fin lo supongo, estoy lejos. Mis reumatismos, en todo caso, no pienso en ellos, no me hacen sufrir más que los de mi madre, cuando la hacían sufrir. Mirada paciente y fija, a flor de esta cabeza huraña de buitre, mirada fiel, es su hora, quizá sea su hora. Estoy arriba y estoy aquí, tal como me veo, tendido, los ojos cerrados, la oreja pegada formando ventosa contra la turba que chupa, estamos de acuerdo, todos de acuerdo, en el fondo, desde siempre, nos queremos, nos lamentamos, pero ay, nada podemos. Lo que es seguro es que dentro de una hora será demasiado tarde, dentro de media hora será de noche, y aun, no es seguro, entonces qué, qué es lo que no es seguro, absolutamente seguro, que la noche impide cuanto permite el día, a quienes saben apañárselas, a quienes quieren apañárselas, y pueden, aún pueden intentarlo. La niebla se disipará, lo sé, por mucho que uno esté desprevenido, el viento refrescará, al caer la noche, y el cielo nocturno cubrirá la montaña, con sus luminarias, entre ellas los carros, que me guiarán, una vez más, guiarán mis pasos, esperemos la noche. Todo se confunde, los tiempos se confunden, antes sólo había estado, ahora estoy siempre, dentro de unos instantes aún no estaré, penando a media ladera, o entre los helechos que rodean el bosque, los alerces, no intento comprender, nunca más intentaré comprender, como suele decirse, de momento estoy aquí, desde siempre, para siempre, ya no temeré a las palabras importantes, no son importantes. No recuerdo haber venido, nunca podré irme, mi pequeño mundo, tengo los ojos cerrados y siento en la mejilla el humus áspero y húmedo, mi sombrero ha caído, no ha caído lejos o el viento se lo ha llevado lejos. Lo apreciaba mucho. Unas veces es el mar, otras la montaña, a menudo ha sido el bosque, la ciudad, también la planicie, también probé en la planicie, me he dejado por muerto en todos los rincones, de hambre, de vejez, acabado, ahogado, y después sin razón, muchas veces sin razón, por hastío, eso reanima, un último suspiro, y entonces los aposentos, de mi hermosa muerte, en la cama, viniéndose abajo con mis penates, y siempre refunfuñando, las mismas frases, las mismas historias, las mismas preguntas y respuestas, ingenuo, basta, al límite de mi mundo de ignorantes, jamás una imprecación, no tan tonto, o quizá no recuerde. Sí, hasta el final, en voz baja, meciéndome, haciéndome compañía y siempre atento, atento a las viejas historias, como cuando mi padre, sentándome en sus rodillas, me leía la de Joe Breem, o Breen, hijo de un farero noche tras noche, durante todo el invierno. Era un cuento: un cuento para niños, transcurría en un peñón, en medio de la tempestad, la madre había muerto y las gaviotas se amontonaban junto al faro, Joe se tiró al agua, es cuanto recuerdo, un cuchillo entre los dientes, hizo lo que tenía que hacer y regresó, es cuanto recuerdo esta noche, terminaba bien, empezaba mal y terminaba bien, todas las noches, una comedia, para niños. Sí, he sido mi padre y he sido mi hijo, me he planteado preguntas y las he contestado lo mejor que pude, me he hecho repetir, noche tras noche, la misma historia, que me sabía de memoria sin poder creerla, o caminábamos, cogidos de la mano, mudos, sumergidos en nuestros mundos, cada uno en sus mundos, con las manos olvidadas, una en la otra. Así he resistido, hasta el presente. Y aún esta noche parece que todo marcha bien, estoy en mis brazos, me tengo en mis brazos, sin mucha ternura, pero fielmente, fielmente. Durmamos, como bajo aquella lejana lámpara, confundidos, por haber hablado tanto, escuchado tanto, penado tanto, jugado tanto.



"Relatos" - Samuel Beckett

Samuel Beckett


Nació en Dublín en 1906. Tras cursar estudios en la Portora Royal School y el Trinity College de su ciudad natal, fue nombrado profesor de la École Normale Supérieure de París. En esta ciudad conoció a James Joyce, de quien se convirtió muy pronto en amigo íntimo y confidente. Participó activamente en la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, desdeñando su neutralidad de ciudadano irlandés y, a partir de 1945, se instaló definitivamente en Francia, donde escribió toda su obra indistintamente en inglés o francés. En 1969 recibió el Premio Nobel de Literatura; eso no turbó la vida retirada que llevó hasta su muerte, acaecida en París en 1989. Tusquets Editores ha publicado de él, además de Esperando a Godot (Fábula 26), sus obras Film (Fábula 166), Detritus, Fin de partida, Pavesas, y Eleutheria, su primera obra de teatro (Marginales 60, 88, 97 y 148). Asimismo se han reunido en un solo volumen sus textos narrativos dispersos, Relatos (Marginales 159, ahora también en la colección Fábula).



(En próximos posteos algunos de los relatos de "Relatos")

miércoles, 13 de abril de 2011

"¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día
me admiró tu cariño mucho más,
porque lo que hay en mí que vale algo,
eso... ni lo pudiste sospechar".
Gustavo Adolfo Bécquer
 
 

jueves, 17 de febrero de 2011

" No son realmente los pensamientos efímeros ni las brillantes ideas los que rigen tu vida, sino más bien los simples hábitos de cada día.
Vive en forma sencilla y no te dejes atrapar por las complejidades del mundo, pues es demasiado exigente.
Cuando finalmente logras obtener los que anhelabas, los nervios están agotados, el corazón maltrecho y hasta los huesos te duelen.
Adopta la determinación de desarrollar tus facultades espirituales desde ahora en adelante. Aprende el arte de vivir con rectitud.
Si tienes gozo lo posees todo, aprende, pues, a permanecer alegre y satisfecho.
Se felíz ¡ahora! "

Paramahansa Yogananda

viernes, 11 de febrero de 2011

Sois Dioses, sois y inmensos, juguemos, disfrutemos, y veamos alegremente lo q sucede. La vida es un juego de mil colores, es una sinfonia de mil petalos, es una rosa, es un regalo inextingible.
Amados juguetones inmortales, descubrid quien sois y disfrutad del juego!!!!

(autor desconocido)
"Pues no son las paredes, ni el techo, ni el piso lo que individualiza la casa sino esos seres que la viven con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios; seres que impregnan la casa de algo inmaterial pero profundo, de algo tan poco material como es la sonrisa en un rostro, aunque sea mediante objetos físicos como alfombras, libros o colores. Pues los cuadros que vemos sobre las paredes, los colores con que han sido pintadas las puertas y ventanas, el diseño de las alfombras, las flores que encontramos en los cuartos, los discos y libros, aunque objetos materiales, son, sin embargo, manifestaciones del alma; ya que el alma no puede manifestarse a nuestros ojos materiales sino por medio de la materia, y eso es una precariedad del alma pero también una curiosa sutileza."
Ernesto Sabato
Sobre heroes y tumbas

lunes, 31 de enero de 2011

LAS CHISPAS DE EINSTEIN. En 8 relatos

 Albert Einstein(1879-1955), Premio Nóbel de Física en 1921, gozó de una rapidez mental propia de un genial humorista:

*1*
Un periodista le preguntó a Einstein:
'¿Me puede Ud. explicar la Ley de la Relatividad?' Y Einstein le contestó:
'¿Me puede Ud.  explicar cómo se fríe un huevo?' El periodista lo miró extrañado y respondió:
'Pues, sí, sí que puedo'.
A lo cual Einstein replicó:
'Bueno, pues hágalo, pero imaginando que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego'.

*2*
Durante el nazismo Einstein, por ser judío, debió de soportar una guerra en su contra urdida con el fin de desprestigiar sus investigaciones. Uno de estos intentos se dio cuando se compilaron las opiniones de 100 científicos que contradecían las de Einstein, editadas en un libro llamado 'Cien autores en contra de Einstein'.
A esto Einstein respondió:
'¿Por qué cien?. Si estuviese errado haría falta solo uno'.

*3*
En una conferencia que Einstein dio en un Colegio de Francia, el escritor francés Paul Valery le preguntó:
'Profesor Einstein, cuando tiene una idea original, ¿qué hace?  ¿La anota en un cuaderno o en una hoja suelta?' A lo que Einstein respondió:
'Cuando tengo una idea original no se me olvida'.

*4*
Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y estadounidense. Al final de su vida, un periodista le preguntó que posibles repercusiones habían tenido sobre su fama estos cambios.
Einstein respondió:
'Si mis teorías hubiesen resultado falsas, los estadounidenses habrían dicho que yo era un físico suizo; los suizos que era un científico alemán; y los alemanes que era un astrónomo judío'.

*5*
En 1919, Einstein fue invitado por el inglés lord Haldane a compartir una velada con diferentes personalidades. Entre éstas había un aristócrata muy interesado en los trabajos del físico. Tras una larga conversación, el inglés explicó a Einstein que había perdido recientemente a su mayordomo y que aún no había encontrado un sustituto.
'La raya del pantalón la he tenido que hacer yo mismo, y el planchado me ha costado casi dos horas'.
A lo que Einstein comentó:
'Me lo va a decir a mi. ¿Ve usted estas arrugas de mi pantalón? Pues he tardado casi cinco años en conseguirlas.'

*6*
En una reunión social Marilyn Monroe se cruzó con Albert Einstein y ella le sugirió lo siguiente:
'¿Qué me dice, profesor?, ¿deberíamos casarnos y tener un hijo juntos? ¿Se imagina un bebé con mi belleza y su inteligencia?'
Einstein muy seriamente le respondió:
'Desafortunadamente temo que el experimento pueda muy bien salir a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia'.

*7*
Se cuenta que en una reunión social Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Einstein le dijo a Chaplin:
'Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira'.
A lo que Chaplin respondió:
'Lo suyo es mucho más digno de respeto: todo el mundo le admira y prácticamente nadie le comprende'.

*8*
Y por último uno de los chistes favoritos que Einstein relatara en reuniones con políticos y científicos.
Se cuenta que en los años 20, cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su Teoría de la Relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer.
Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez.
'Si quiere -le dijo el chofer- lo puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra.' Einstein estuvo de acuerdo y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante.
Llegaron a la sala donde se iba a celebrar la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió la farsa.
El chofer expuso la conferencia que había oído repetir tantas veces a Einstein.
Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cuál podía ser la respuesta, sin embargo tuvo una chispa de inspiración y le contestó:
'La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que se la responda la persona que se encuentra al final de la sala..., que es mi chofer'.

viernes, 28 de enero de 2011

Ventana sobre la cara invisible

Todo tiene, todos tenemos, cara y señal. El perro y la serpiente y la gaviota y tú y yo, los que estamos viviendo y los ya vividos y todos los que caminan, se arrastran o vuelan: todos tenemos cara y señal. Eso creen los mayas. Y creen que la señal, Invisible, es más cara que la cara visible. Por tu señal te conocerán.

REIR

Reír es salud. Reír es vida. El buen humor nos sana.
La Madre Teresa decía que aquel que logra reírse de si mismo, de sus pesares, de sus reacciones ante los hechos, logra ver el rostro de Dios. Que no es otro que el rostro de nuestra alma. Nuestra verdad sin máscara, ni capas que tapen lo que somos. Reír libera esos maquillajes con los que hemos cubierto el rostro. Reír eleva la química corporal.
El organismo se eleva en plenitud, se une en armonía, cuando el humor, el contento están presentes, haciendo vibrar esa maquinaria perfecta que es el cuerpo.
Una carcajada salida del alma, reacomoda el metabolismo en forma más vertiginosa que la gimnasia más intensa.